Osteopatía y danza

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Por Laura Frías, fisioterapeuta, osteópata y colaboradora de Espai Gal·la Placídia

El cuerpo es ritmo, el reflejo de las emociones a través del movimiento. A través de la técnica, el bailarín expresa sin palabras y siente emociones, llegando a la armonía y a la fluidez, a la belleza en el escenario. Tiene una conciencia corporal muy elevada y depende de su integridad estructural global.

Todo bailarín se lesiona en algún momento de su formación o carrera profesional y esto le supone un verdadero obstáculo ya que trabaja con su cuerpo. Las lesiones en la danza se producen por diferentes causas: limitaciones físicas, técnica incorrecta, falta de calentamiento, alimentación inadecuada, etc.

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En los niños, durante su aprendizaje,  es básica la prevención y el tratamiento de asimetrías en la postura y deberemos liberar las zonas más rígidas (o que no funcionan correctamente) para mejorar el rendimiento y evitar futuras lesiones. La estructura del niño es más moldeable que la de un adulto, por lo que acepta muy bien un tratamiento osteopático. Además, es muy fácil que el cuerpo adopte malos hábitos que van a ir deformando el trabajo en la danza, sobre todo a largo plazo. Un mal funcionamiento de la pelvis, por ejemplo, puede dar una mala estabilidad global, problemas en el giro y en el salto. O podemos encontrarnos con problemas en la columna que tengan su origen en unos pies planos. El tratamiento precoz será de gran importancia.

Las lesiones más frecuentes en la danza son: esguinces, problemas de columna (cervicalgias, ciatalgias), cadera (bursitis), rodillas (problemas meniscales), pies (metatarsalgias, sesamoiditis), etc…Y, por lo general, un bailarín no se puede permitir largos descansos. Lleva su cuerpo al límite, y necesita que éste le responda, que su estructura permanezca funcional. Por este motivo, el osteópata es un gran aliado. La osteopatía escucha los síntomas. Busca el reequilibrio del individuo, desde la globalidad, para potenciar su capacidad de autocuración y autorregulación y la buena función de todas las estructuras, a través de técnicas manuales adaptadas a cada paciente y a sus necesidades.

Es decir, el osteópata realiza un diagnóstico global (no analítico de la lesión) y, a través de la terapia manual, relaja zonas contracturadas, desbloquea articulaciones bloqueadas, inhibe músculos demasiado tensos y estira tejidos con el objetivo de que la postura respire mejor. Le interesa la calidad del movimiento, no la cantidad. Sea cual sea la disciplina de danza, se producen sobreesfuerzos que provocan este tipo de disfunciones.

Personalmente, conocí la danza a los cuatro años y sigo bailando desde entonces. Como fisioterapeuta y osteópata, he aprendido a entenderla mejor, y a comprender por qué un joven bailarín se sobrecarga un tobillo haciendo un “relevé” incorrecto, o cómo un “cambré” puede afectar a la columna lumbar. Me ayuda en mi trabajo y es una satisfacción para mí poder asesorar con más conocimiento a otros bailarines.

 

Para más información:
Laura Frías
info@espaigallaplacidia.com
Tel. 93 217 55 48

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